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Faltan pocos días para que concluya el 2020, que para la escritora española Rosa Montero es el “año maldito”, debido a lo que la humanidad tuvo que afrontar, siendo la mayor parte de ella la afectada por el origen, desarrollo y expansión de la pandemia del Covid-19. Pero a la vez, 2020 es un buen año para la filosofía, porque más que nunca los habitantes de casi todo el mundo tuvieron que recluirse en sus espacios privados para sobrevivir y ganarle a la enfermedad, a la locura y a la muerte. 

En la cuarentena la humanidad entera se enfrentó a sí misma, a sus miedos, temores, sueños y ambiciones. Sin querer queriendo -como dice el Chavo del Ocho- hizo filosofía, se pensó, y ojalá nos hayamos conocido mejor cada uno de los mortales. ¿Qué es pensar o pensarse? La respuesta viene con Platón: “Diálogo del alma consigo misma”. ¿Quién de nosotros no ha pensado unos minutos en su situación y de la de su familia y, de forma desesperada, intentó encontrar contestaciones a sus dudas? Quizás llegaban más respuestas, por un bombardeo incesante de contenidos, a través de las redes sociales, que han sido compañeros inseparables en la cuarentena y en el posconfinamiento. 

Han sido siete meses y algunas semanas más que hemos vivido una intensa pandemia, con familiares, amigos, compañeros muertos y enfermos; con cientos y cientos de despedidos de empresas públicas y privadas; con economías en crisis: negocios y empresas que se han cerrado, dejando en la calle a sus empleados, quienes han tenido que buscarle para el pan de cada día. Pero no se han rendido. Todos hemos intentado no ahogarnos en medio del mar agitado, que el Covid-19 se encargó de generar.

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No sólo afrontamos la pandemia con alimentos y medicamentos, sino también llenándonos de informaciones, comunicándonos de forma permanente, leyendo libros guardados, participando de foros, charlas virtuales, con lecturas fáciles o difíciles. Pero acá estamos, vivos y listos para afrontar más desafíos. 

El poeta alemán Hölderlin decía que la filosofía tuvo que nacer en tiempos de desamparo, precisamente para alimentar -hace miles de años a los hombres y mujeres- de impulsos creativos, especulativos e intelectuales, frente a la sequía y a los vacíos que producía la religión, las políticas de los Estados, la censura a los libros, la Santa Inquisición, etcétera. 

Pues bien, esta época la presente, y la que viene está muy necesitada del oficio de la filosofía, o mejor dicho, de la acción del filosofar. No es el tiempo del fin del mundo, de las grandes catástrofes para la humanidad, del Apocalipsis, así como vienen proclamando pastores a voz en cuello; sino que es una época de los grandes retos para, precisamente, medir la templanza del ser humano, y esa templanza tiene que estar armada de la fuerza poderosa y creativa que tiene la humanidad: el saber y el hacer aquello que está unido a la realidad, a la vida y a los conflictos de cada periodo histórico que nos toca vivir.

Porque la filosofía no está desarraigada de la vida, ni descontextualizada, sino que busca dar respuestas, a través de los filósofos, de esos sabios enormes que tuvo el planeta, a los periodos confusos y obscuros que cada cierto tiempo tenemos que vivir los humanos. “La filosofía, aquella que es digna de tal nombre, responde a necesidades históricas concretas, y busca dar respuesta a los problemas de su propio tiempo”, señaló Moisés González García, filósofo español. 

Cuando faltan pocos días que acabe la penumbra de este año, la larga noche del 2020 que ha sumido a Bolivia en tiempos de desorientación, confusión y de vacíos en las letras, en la política, en el arte, en el debate político e intelectual; de intolerancia en las relaciones sociales y familiares, pues bien, se torna necesario y revelador, asumir que para estos tiempos debemos tener las “cartas de navegación”, que el filósofo británico Hume nos planteó para el tempestuoso navegar de la vida. 

El posconfinamiento traerá consigo muchas incógnitas, que no sólo será en el ámbito científico y de salud, sino en la forma de pensar y actuar de los seres humanos, de modo que si queremos cambiar el país, la mentalidad de los gobernantes y la propia realidad, tenemos que dejar puertas abiertas para empezar a filosofar la vida y sus misterios. Filosofar es una forma de abordar los problemas y las contradicciones de la sociedad, de modo antes que se vaya el 2020, necesitamos más filosofía y menos ibuprofeno

Además, sólo se podrá cambiar el país si empezamos a cambiar las ideas que nos tienen trastocados y atrasados en este ritmo ascendente de las transformaciones que varios países vienen experimentando.

Hernán Cabrera M. es licenciado en filosofía y periodista.

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