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“En el principio era el verbo”, lo anunció Juan en su Evangelio y el verbo se expresa, habla, se difunde, se proyecta, comparte, se informa, se conecta y hoy en día esa enorme e importante tarea se la hace a través de las redes sociales, que se alimentan de toda la información que circula de forma libre, abierta y permanente en los celulares, tablets, portátiles, etc.

Y la pandemia nos hizo hambrientos de más información, debido a la gravedad de la misma y al confinamiento de gran parte de la humanidad por varios meses. Esto ha generado en las personas la necesidad de dos elementos centrales: estar conectado con su trabajo, sus familiares, sus amistades, y estar informado, no solo lo relativo a la situación y avances del covid-19: consejos, recomendaciones, número de muertos, de contagiados, testimonios, medidas de las instituciones, etc, sino también de ese universo infinito y noticioso que genera todo Estado y las sociedades.

Una de las consecuencias de la cuarentena en Bolivia y en muchos otros países, ha sido el alto nivel de desempleo en todos los niveles. Desde porteros hasta gerentes, que han quedado sin su fuente laboral. El Instituto Nacional de Estadísticas estima que en Bolivia alrededor de 500.000 personas han sido despedidas de sus fuentes laborales. Esta realidad social ha impulsado a todos -ahora desocupados- encontrar en las tecnologías de la información y en las redes sociales un aliado importante para descubrir alternativas de sobrevivencia y de generar recursos económicos propios.

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De ahí que en las redes del Facebook, Twitter, Linkedin, Instagram y otras ofrecen al ciudadano un rico y ampuloso menú informativo desde recetas de cocina, consejos de belleza, programas de noticias, de entrevistas, culturales, de turismo, foros virtuales, ferias de libros y muchas otras alternativas, que tienen como base central y como instrumento de trabajo el factor de la información, constituyéndose en un alimento adictivo que acompaña al ser humano en todas las etapas de su desarrollo.

En 1967 Marshal McLuhan, nos antecedió lo que hoy la humanidad vive, disfruta, comparte y participa: “El hombre que almacena alimentos reaparece incongruentemente como hombre que almacena información”. ¿Qué hacemos ahora? No solo almacenar información, sino buscar, difundir, conocer, opinar, trascender y compartir.

Es difícil precisar cuánta información circula y se comparte por día. En un trabajo de la consultora Domo, indicaba que en 2019, estaban conectadas en el internet más de 4.500 millones de personas, las que creaban o hacían uso de las plataformas y redes sociales, con una cirulación poderosa. Por ejemplo:  cada minuto la gente miraba 97.22 horas de video en Netiflix; 4.333.560 videos de You Tube; eran enviados 473.400 tuits; se realizaban 176.220 llamadas de Skype; eran colgadas enInstagram 49.380 fotograf{ias; Spotify reproducía 750.000 canciones.

En la página de Facebook a través de la empresa TechCrunch, informa que su sistema procesa 2.500 millones de nuevos posts al día y más de 500 Tbytes de datos al día. Se registran más de 2.700 millones de «Me gusta» y se suben más de 300 millones de fotos cada día, y sus servidores escanean 105 Tbytes de datos cada hora.

Estos datos compartidos es para reafirmar la convicción de que la información hoy en día se ha constituido en un elemento central en nuestras vidas y en nuestras ocupaciones. No hay hora que los más de 8 millones de bolivianos que tienen un aparato celular en su poder, busquen información del día, ya sea por curiosidad, por necesidad o por diversión. O quieran expresarse con una opinión, una fotografía, un video, un meme.

A ello, se debe agregar que las redes sociales se han convertido en un aliado de muchas personas que vienen usando como instrumento de trabajo, cuyo valor imprescindible es la información en todos los niveles. “Hoy en día podemos comprobar que la información es por donde discurre nuestro mundo: es la sangre y la savia, el principio vital. Impregna de arriba abajo las ciencias, transformando todas las ramas del conocimiento”, puntualiza James Gleick en su influyente libro “La información, historia y realidad”.

Si en el principio era el verbo, hoy en el siglo XXI, el verbo se hizo información que está al alcance de cualquier persona en cualquier lugar del mundo.

No solo la información es poder, que eso lo saben los gobiernos de turno y la dirigencia política, sino que la información es parte de nuestras existencias, que influye para tomar decisiones, que nos angustia, nos preocupa, nos da ánimos, nos revitaliza, nos conecte y nos expande. El especialista en la teoría de la evolución, Richard Dawkins, se atreve a afirmar que circula por nuestras venas, información:  “Lo que hay en el corazón de cualquier ser viviente no es fuego, ni aliento cálido, ni chispas de vida”. Es información, son palabras, instrucciones…Si queréis entender la vida, no penséis en sustancias gelatinosas y masas de materia palpitantes y vibrantes, pensad en la tecnología de la información”.

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