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Máscaras violetas son el eje de una campaña impulsada por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, en Perú para abordar la violencia machista durante el confinamiento y decirle a las víctimas que no están solas.

Artistas, políticos, comunicadores, activistas y ciudadanos en general participan en una campaña portando las mascarillas que todos los peruanos deben llevar cuando salen a la calle mientras dure el estado de emergencia, pero de un marcado tono violeta que sirve como “símbolo de lucha, solidaridad, y compromiso” contra la violencia hacia la mujer.

Denise Ledgard, oficial de gobernabilidad democrática del PNUD en Perú, explicó que la iniciativa busca afrontar “la pandemia previa que teníamos antes de la pandemia”, en referencia a la violencia contra la mujer, un drama que no cesa “por tener a las mujeres encerradas con sus propios agresores“.

Conviviencia obligada con el agresor

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“Definitivamente el problema es algo que viene de antes de la cuarentena, y si uno ve los números, puede decirse que bueno, que no han aumentado los incidentes (…). Pero en Perú más del 70% de las agresiones son dentro de las casas, y eso nos dice que hay dos factores que inciden en los datos: uno es que no se puede salir de las casas y otro que la convivencia con el agresor fomenta su control y el miedo de la víctima”, apuntó Ledgard.

Aún así, en el país andino ha habido durante el período de aislamiento obligatorio decretado hace ya 65 días “al menos 28.000 llamadas a las líneas de emergencia, 3.700 agresores detenidos y trece feminicidios“, lo que llevó al PNUD a impulsar iniciativas “para llegar lo más cerca que podamos de las personas que pueden ser víctimas de violencia”.

Una campaña con tres pilares

Así, además de la campaña con las máscaras violetas, convertidas en mensaje simbólico, el PNUD se alió con el Ministerio de la Mujer, gobiernos locales como la Municipalidad de Lima o autoridades distritales, así como la policía y el sector privado para impulsar los pilares de esta iniciativa.

“Esta estrategia tiene tres partes. Primero prevenir y atender a las víctimas con el mensaje, que por ejemplo se difunde en los altavoces de los supermercados o desde los camiones recolectores de basura, que busca hacer sentir a las mujeres que no están solas, que estamos pendientes de ellas, al tiempo que se brinda información sobre como pedir ayuda o denunciar”, indicó Ledgard.

Luego está la campaña de las mascarillas violetas, “como símbolo de unión“, que se distribuirán entre los organismos que participan en la iniciativa y que incluso se pretende convertir en un activo para recaudar fondos para ayudar a centros de acogida para mujeres víctimas de violencia.

En tercer lugar, se establecerán protocolos de ayuda para que por ejemplo los centros comerciales, la policía, o los recolectores de basura, “que son los van a todas partes”, sepan cómo actuar ante la violencia.

“Esta epidemia lo que hace es arrastrar y revelar desigualdades preexistentes”.

Enfoque de género

Para Ledgard, esta situación generada por la pandemia, que encerró a víctimas con agresores, es fruto de una “sorpresa estructural” que hizo que muchos problemas “hayan abrumado al propio gobierno, con otras prioridades urgentes”.

Sin embargo, así se puso también en evidencia que es necesario abordar con “un enfoque de género” cualquier medida que se tome en esta crisis, que se deben hacer “transversales”.

“Eso en el sentido no de que haya más o menos mujeres involucradas, sino que si uno toma medidas, como por ejemplo dar bonos de ayuda, hay que diagnosticar qué tanto se diferencian hombres o mujeres y ver si estas están más profundamente afectadas. Esta epidemia lo que hace es arrastrar y revelar desigualdades preexistentes”, añad

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