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El plan de gestión del actual Ayuntamiento de Madrid para eliminar al menos 12.000 cotorras argentinas que amenazan a la flora y fauna autóctonas de la capital mediante la captura y esterilización de puestas de esta especie invasora, será una empresa “difícil” y “cara” en opinión de Oliva ya que estos verdes, ruidosos y agresivos animales “ya se han establecido” desde hace tiempo.

Prevención y respuesta rápida

Según este profesor titular del Departamento de Zoología y Antropología Física de la Universidad de la Universidad de Murcia, que coordina un proyecto europeo específico –Life Invasaqua– contra especies invasoras, en estos casos “la mejor solución es la prevención y la información”.

Esa prevención incluye una respuesta rápida una vez detectada la presencia de una especie como la cotorra argentina y para ello es preciso disponer de “listados que identifiquen a las especies que aún no han llegado” y cuya presencia sea perjudicial para la fauna y la flora locales.

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Este experto ha destacado que los países de la UE destinaron, sólo entre 1994 y 2014, “12.000 millones de euros al año para gestionar y controlar las especies exóticas invasoras”, un problema creciente en toda Europa.No obstante, Oliva ha reconocido el éxito de algunos “proyectos de erradicación en zonas concretas, que ya han demostrado su eficacia”, como sucedió en el caso de Zaragoza capital, donde recientemente fue posible eliminar por completo la población de este invasor alado con el apoyo de la ciudadanía.

La directora de la organización conservacionista SEO/BirdLife, Asunción Ruiz, ha asegurado este martes que aunque no conocen con precisión el método que se utilizará para la eliminación de la cotorra en Madrid, es un procedimiento “necesario”, aunque se hubiera podido evitar “si las autoridades hubieran escuchado las advertencias que hace años dimos sobre esta especie invasora”.

Efectos perniciosos

Algunos de los efectos perniciosos de la cotorra argentina sobre los ecosistemas que coloniza son la competencia directa con especies autóctonas como el gorrión, al que desplaza allí donde aparece, o los devastadores efectos que genera sobre el arbolado para construir sus nidos.

Estas estructuras pueden llegar a superar los 100 kilogramos de peso y constituyen una amenaza física para los viandantes, además de un foco de insalubridad.

Las especies exóticas invasoras suponen el segundo factor de riesgo para la diversidad biológica y la primera en sistemas insulares según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza 

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